El oro 18K es un material duradero, pero no indestructible. Con una rutina simple de cuidado en casa, tus piezas mantienen el brillo por años; sin ella, hasta el mejor oro pierde su viveza con cremas, perfumes y sudor acumulado.

Limpieza básica en casa

Sumerge la pieza unos minutos en agua tibia con un poco de jabón neutro (nunca detergente ni productos abrasivos). Frota suavemente con un cepillo de cerdas muy suaves —uno de dientes viejo funciona bien— prestando atención a las zonas con relieve o grabados, donde se acumula más suciedad. Enjuaga bien y seca con un paño suave, sin dejar que se seque al aire con residuos de jabón.

Qué evitar

Evita el contacto directo y frecuente con cremas, perfumes y protector solar —aplícalos antes de ponerte la joya, no después—. El cloro (piscinas, productos de limpieza) es especialmente agresivo con las aleaciones de oro y puede debilitar la estructura con el tiempo. Y evita dormir o hacer ejercicio intenso con piezas delicadas, sobre todo si tienen piedras o cierres finos.

La mayoría del desgaste de una joya no viene del tiempo — viene del contacto diario con productos que nunca pensamos en relacionar con ella.

Cómo guardarlas

Guarda cada pieza por separado, idealmente en una bolsa de tela o un compartimento propio, para evitar que las cadenas se enreden entre sí o que las piezas se rayen unas a otras.

Señales de que ya necesita el taller, no solo agua y jabón

Si notas que una piedra se mueve, que un cierre no cierra firme, que el oro se ve opaco incluso después de limpiarlo, o que una cadena tiene un eslábón deformado, esas son señales de que la pieza necesita una revisión profesional, no solo una limpieza casera.

Si alguna de tus piezas ya está en ese punto, cuéntanos y te decimos qué tan sencillo (o no) sería devolverle su estado original.